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Mostrando las entradas etiquetadas como mili

Historias de la mili XXIII: Jura de Bandera.

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De regreso a Granada terminé de leer el libro. Impresionante, me había hecho dudar y había logrado tenerme pendiente. Creo que fui el único que no se durmió en el autobús. Pero no sólo fue mérito del libro. Tomé y sus ronquidos, parecidos al sonido del motor de un tractor, también pusieron de su parte. Llegamos a Granada casi de madrugada, era viernes, y ese mismo domingo teníamos le acto de Jura de bandera. Mientras el gitanillo y yo fuimos a dormir a nuestras respectivas casas, los demás se marcharon al cuartel. A la mañana siguiente tenía dudas sobre si encontraría allí a los que se habían librado de la mili. Me llevé una agradable sorpresa al ver en la formación a Tomé y al gordo de Loja . Ambos habían decidido quedarse un día más y así poder Jurar bandera con nosotros. Pasamos el día preparándonos para el gran momento. Lustrando las botas con grasa de caballo, intentando dejar la ropa bien doblada, todo para estar bien guapos. A mí me resultaba algo complicado, con mi gorra lade...

Historias de la mili XXII: revisión médica.

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El soldado que nos esperaba resultó ser muy simpático, se llamaba Pedrito, era muy alto y delgado, rubio, con unas entradas que llevaban camino de ser salidas, llevaba gafas. - Hola, ¿sois el grupo de Granada? - Los mismos. - Pues vamos al jeep que lo tengo en segunda fila. - ¿Te quieres ganar un dinerillo? – Preguntó el gitanillo . - Pues claro, dime qué es lo que tengo que hacer. - Sencillo, mi amigo, - dijo mientras cogía de los hombros a Tomé -, nunca ha estado en Sevilla, así que si nos das una vuelta por los sitios más turísticos, te llevas uno de estos. – Dijo sacando el fajo de billetes de dos mil pesetas. Montamos en el jeep, era algo incómodo debido a la velocidad a la que Pedrito tomaba las curvas, tened en cuenta que en el jeep vas sentado de lado a la dirección de la marcha, así que la fuerza centrífuga te expulsa fuera del mismo, o hace que tiendas a caer de boca, pero estuvo bien el paseo. Pedrito no dejaba de parlotear. Según nos contó el estaba enchufado para la mili,...

Historias de la mili XXI: un Manolo muy erguido.

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¡Vaya pintas tenían los primos del gitanillo !, era lo que le faltaba a nuestro grupo para que toda la gente se volviera a mirarnos. No se trataba de que fuesen gitanos, que eso es algo que no llama la atención, al menos no en Granada, lo que realmente la llamaba eran las pintas, su modo de moverse, sus oros a flor de piel. Eran muy ostentosos, daban voces. Se sentaron en nuestra mesa, - Estos son mis primos, el pájaro loco y el ganzúas . - Dijo el gitanillo . - Hola, que hay. – Saludamos. - Lo de pájaro loco está claro por lo que te lo han puesto, porque con esa tocha puedes destrozar cualquier madera.- Dijo riendo Tíjola . No le faltaba parte de razón, el pájaro loco tenía una nariz de lo más generosa, tipo Antonio Carmona, el de Ketama. A esa nariz había que sumar que los pelos de la coronilla los llevaba de punta. - ¿Y a ti porqué te llaman el ganzúas ?,- dijo inocentemente el gordo de Loja mientras el largo de Marbella le daba un pellizco bajo la mesa. - Pues porque lo mío e...

Historias de la mili XX: piropos.

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Al salir del despacho del subteniente, los miembros del comando botiquín nos dirigimos a cambiarnos de ropa y vestirnos de civiles para realizar el viaje. Estaba prohibido ir por la calle vestidos de militares, así que si nuestro grupo ya era algo peculiar, sin la uniformidad, era aun más llamativo ver a un grupo de personas tan diferentes caminando juntos por la calle. Mi atuendo era el normal de un estudiante de Derecho, pantalón chino, camisa y un jersey azul marino. Tíjola llevaba unos vaqueros ajustados y una camiseta aun más ajustada de colores estridentes, de abrigo usaba una chaqueta de piel de color negro. El gitanillo vestía unos vaqueros rotos y descoloridos, no por falta de dinero, sino por moda. Llevaba una camiseta con la cara de Camarón y una chaqueta vaquera. El gordo de Loja vestía parecido a mí, pero con un jersey de de rombos y con una especie de cervatillos o renos. Tomé me sorprendió, ya que llevaba una camiseta negra de Iron Maiden y unos vaqueros negros muy a...

Historias de la mili XIX: el radiador.

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Podía percibirse en el ambiente que ya iba quedando muy poco tiempo para dejar el cuartel. Una vez pasado el trámite de la Jura de bandera, cada cual iría a su destino, y seguramente no volveríamos a vernos las caras nunca más. Pero antes de la Jura nos quedaba una visita de gran importancia para los miembros del comando botiquín, se trataba de nuestra cita con el Hospital Militar de Sevilla. Aquel fue nuestro último día en el botiquín médico del cuartel de los Mondragones. Fuimos pasando uno a uno, el comandante médico me cogió por los hombros a modo de despedida, gesto que en un militar es muy poco habitual, ya que los saludos están perfectamente reglados, y eso de coger los hombros y dar un medio abrazo no está contemplado entre los saludos militares. - Le deseo mucha suerte soldado. Me llamó soldado, eso me llenó de orgullo, es como cuando a un torero le llaman torero. Técnicamente se te empieza a llamar soldado una vez jurada la bandera, pero el comandante médico me mostraba su ap...

Historias de la mili XVIII: ¡quién da más!

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Ya estábamos más cercanos al acto de la Jura de Bandera, íbamos viendo acercarse el momento de dejar el cuartel. Se trataba de una nueva situación que había ido produciéndose muy poco a poco, esa situación, la de estar cercano a la Jura de bandera, hacía que los veteranos y los mandos bajos e intermedios, fueran tratándonos con más respeto. Recuerdo una anécdota que pasó en esos días, estábamos camino de la cantina Tomé , el largo de Marbella y yo, en compañía del cabo primero, ese cabo primero pequeñito, con vocación. Pasábamos junto a la zona donde se encontraban los camiones, y nos hizo un gesto para que no hiciéramos ruido. Se acercó a uno de ellos con sigilo, nosotros lo íbamos siguiendo, cogió una barra metálica, parecía un trozo de de tubería de plomo, y se puso a golpear el lateral del camión. El ruido que formó era ensordecedor, comenzaron a salir soldados de dentro, todos estaban durmiendo. Contándolos, salieron un total de seis soldados de ese camión, y no era el único con ...

Historias de la mili XV: Tíjola se sincera.

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Confieso que Tíjola me tenía algo intrigado. Había ocasiones en que parecía una estupenda persona, sin embargo, en otras ocasiones, desvariaba, y lo hacía a lo grande. Se trababa de un chico bien parecido, con un cuerpo atlético, de proceder noble en la mayor parte de las ocasiones. Sus ojos claros, sin embargo, no mostraban ninguna claridad en su interior, algo dentro de esos ojos avisaba de que muy hondo, se ocultaba algún hecho terrible. Una de las mañanas en que ya estábamos separados los del comando botiquín , sucedió un hecho violento. Estábamos jugando a mosca , para quien no sepa cómo es el juego, se trata de un juego en que los participantes se colocan dejando un pasillo central. Al que pierde le toca situarse en el centro del pasillo al grito de ¡mosca!, y estar muy atento. Los demás han de golpearle la cabeza, nuca, cara, de modo que el que esté en el centro no lo vea, no puede ver ningún movimiento del resto. En el momento en que ve a la persona que le ha golpeado, sale de...

Historias de la mili XIV: Conguita vs Boquerona.

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En la mili, como ya he dicho en alguna otra ocasión, se reúne gente de todo tipo. La gran mayoría de esas personas tiene un nivel cultural muy bajo, y además se da el caso de que para su mili pasan ahorrando una buena temporada. Esos factores hacen que en la mili, se realicen actividades de lo más variado, que suelen tener como elemento común, las apuestas. En aquellos momentos en que yo andaba ocupado jugando al futbolín, o bien escribiendo apasionadas cartas dirigidas a mujeres que jamás llegaría a conocer, otros de mis compañeros del comando botiquín realizaban otras actividades. Allí se apostaba por todo. Famosas fueron las carreras entre el gordo de Loja y Tomé , por ver quién de los dos terminaba antes un bocadillo de panceta, huevo frito y rodajas de tomate. En esas carreras solía ganar Tomé , quien se embolsaba un buen dinerito que reinvertía en su exigua alimentación. Cambiando un poco de tema, permitidme que haga un pequeño paréntesis, para comentaros algo sobre Tomé. Tomé ...

Historias de la mili XIII: beau geste.

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La pequeña bola corría y yo estaba concentrado en darle fuerte para que entrara en la portería contraria. Tampoco dejaba de lado el tema de Frasquito , curioso nombre para un perro. Distraído en mis pensamientos y en el juego, no me di cuenta de que llevaba ya unas cuantas partidas de futbolín. Para quien no haya jugado, o no lo haya hecho de modo competitivo, pues no supondrá nada especial, pero el caso es que jugando al futbolín, si se hace de un modo rápido e intenso, se queman muchas calorías. Eso tiene una clarísima consecuencia, se produce sudor. Si da la casualidad de que un rato antes un cachorrito te ha meado encima, pues empiezas a desprender un olor bastante desagradable, nauseabundo diría yo. El olor penetrante invadió mi nariz, no solo la mía. Por el juego pude notar como los otros tres jugadores intentaban terminar lo antes posible esa partida. De pronto el sargento, que ya estaba calentito, dijo - ¿Manolo se puede saber que cojones estás cocinando hoy? Manolo era el enc...

Historias de la mili XII: Frasquito.

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Una mañana más en el botiquín, en espera de que pasara el tiempo como en un día cualquiera. El largo de Marbella se encontraba algo inquieto, por alguna extraña razón se movía de modo extraño, como si estuviese contraído. En un tipo de más de dos metros, llama especialmente la atención, máxime cuando su caminar habitual era altivo, orgulloso de su altura y sin complejo alguno. Como ya he explicado, en el botiquín nos limitábamos a estar sentados en el porche. Cuando llevábamos más de una hora, empezaban a hacernos pasar uno a uno. A los gordos los iba pesando, animándolos para que no desistieran en su intento de librarse de la mili, a fuerza de comer bocatas de panceta, doritos y pipas. Al resto ni nos miraba, solo apuntaba nuestro nombre y nos hacían salir de nuevo. Al llegarle el turno al largo de Marbella , éste se puso muy inquieto, no dejaba de mirarnos a cada uno de nosotros a la cara. Cuando ya no podía aguantar más nos dijo - Me tenéis que ayudar, tengo un problema grave. Me h...

Historias de la mili X: ¡Belén campanas de Belén!

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Una fría mañana, tras pasar la más de media hora de rigor en posición de firmes, bajó el subteniente hasta donde estábamos formados. Se acercó al sargento, con quien estuvo comentando algo, el sargento se acercó al cabo primero, el cabo primero hizo lo propio con el cabo Fernández, a todo esto, nosotros ya empezábamos a acordarnos de la santa madre del subteniente, ya que ese día, debido a su aparición, estábamos pasando más tiempo al fresco de lo que era habitual. Cuando nuestro vaho formaba una espesa capa de niebla en el patio, y empezaba a oler sospechosamente a jamón curado, se dirigió a nosotros el cabo Fernández. Procedió como de costumbre, mandando a unos y a otros a sus diferentes tareas. Cuando quedaba el pelotón de botiquín se nos acercó y dijo. - Señores, hoy tendrán otra ocupación. Por órdenes directas del subteniente, ustedes tendrán una tarea de gran responsabilidad. Se notaba entre nosotros que estábamos algo intrigados, ¿de qué podría tratarse? Estaba claro que no se t...

Historias de la mili VIII: cartas de amor.

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Corrían los días, y yo cada vez estaba más asentado en el cuartel, iba ocupando mi lugar. Una mañana vino a hablar conmigo el antequerano , y apartándome algo del resto, me dijo, - Cuchi , ¿ estás estudiando? - Sí, estoy en Derecho. - ¿Eso es pa abogao ? Asentí con la cabeza, ya algo intrigado por tanto secretismo. Estaba deseando que soltara de una vez lo que quería pedirme. - Entonces… - Suéltalo de una vez cojones, ¿qué quieres?. - ¿Podrías hacerme un favor? Es que tengo una novia en Antequera, empezamos a salir en el último fin de semana que pasé allí antes de venirme pa la mili . - Pues muy bien, pero…¿ eso tiene algo que ver con que yo esté estudiando Derecho? - Es que he pensao , que si estudias, pues… igual se te da bien escribir. ¿Podrías escribirme una carta pa mi novia?, pa que no se olvide de mí y sepa que la recuerdo. - Vale, no hay problema. ¿Cómo se llama? - María - ¿Tienes por ahí una foto? - No - Pues dime algo de ella, ¿cómo es?, ¿qué le gusta? Pasó un buen rato h...

Historias de la mili VII: viaje a Sevilla

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Durante la visita diaria, me comunicó el oficial médico que tenía que ir a Sevilla. Me dio órdenes de pasar por el despacho del subteniente para recoger la documentación necesaria. Así lo hice, dicha documentación era un pasaporte militar. Se trata de un documento de lo más curioso, en que el que se dice que estás de servicio y se da orden a todas las autoridades civiles de facilitar tu traslado. Con mi pasaporte militar, me dirigí al día siguiente a la estación de autobuses, donde saqué mi billete para ir a Sevilla. Fue un buen viaje, en el que tan solo pensaba en el tipo de pruebas que me podrían hacer. Al llegar a la capital hispalense, y tras preguntar en la ventanilla de información de la estación, monté en uno de los autobuses amarillos, no recuerdo el número. Me llamó la atención que en la misma estación un señor, acompañando a su hijo de unos 25 años, me comentó que había escuchado mientras me daban la información para ir al hospital militar, y me pidió que los acompañara. No d...