Mañana, cuando me levante
El que ya tenía por un pétreo corazón, se ha hecho plastilina en sus manos; lo ha manipulado hasta ponerlo muy blando y ahora se ha marchado y me ha dejado solo. Mañana, cuando me levante, no escucharé mi nombre dicho con inmensa ternura por su voz; no la veré caminar por el pasillo con los brazos levantados; no veré esa carita llena de dulzura y alegría, con la ilusión virgen, deseando que juegue un rato con ella y que la saque a la calle. Mañana, cuando me levante, me sentiré muy solo. Recordaré sus abrazos y el modo en que me daba la mano para caminar a mi lado; recordaré lo especial que me hacía sentir; y desearé volver a imaginarme como James P. Sullivan , acompañado de la pequeña humana: así es como me he sentido con ella. En un mundo lleno de monstruos, ha venido a visitarme esa pequeña niña con su voz dulce de lengua de trapo, que suplía con creces esa falta con una expresividad en los ojos y en los gestos fuera de lo común. Si su ausencia es dura, sabe...