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Lluvia sobre los tejados

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La lluvia cae con fuerza sobre los tejados. A través de la ventana escucho el monótono sonido de las gotas al caer y a unos jóvenes que regresan a su casa; deben venir de algún local cerrado y con la música muy alta, pues desde mi ventana puedo escuchar su conversación: hablan sobre cómo le van a contar a un amigo que han visto a su novia liada con otro; hay cosas que no cambian. Y yo me entretengo con sus conversaciones pasajeras y con el sonido de las gotas de lluvia que caen sobre el tejado. Lo hago mientras temo, que como sucede en estas noches de húmeda melancolía, al meterme en la cama me duerma con profundidad y asalte mi almohada, el sueño de un sueño incumplido que mutó en pesadilla.

Gotas de lluvia

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Adoro la transparencia y la honestidad que reside en cada gota de lluvia; el olor a tierra mojada; el calor que desprende el suelo cuando la recibe; notarla cuando cae sobre mi cuerpo, pues lo hace sin trampa ni cartón: me enfría y me empapa. Me valgo de ella al apartarla de mi frente y de mis ojos y nadie percibe que no solo son gotas de agua.

Sobre príncipes y ranas

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La lluvia persiste y ya empieza a cansar. He encontrado una rana que buscaba refugio del agua. Me ha producido tanta ternura la imagen que la he cogido pensando que conmigo estaría mejor; la he situado sobre mi hombro izquierdo y cuando reemprendía mi marcha me ha dicho al oído: —Ni busco un príncipe azul ni eres mi tipo; ni se te ocurra besarme. Al principio me he quedado atónito—ni las ranas quieren mis besos—, pero tenía razón. Yo quise ver en la rana a una bella princesa a la que salvar de vivir en los charcos; pero no era más que una rana y su naturaleza la empuja a querer vivir en ellos.

Lluvia de recuerdos

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Lluvia triste y melancólica, aguanieve en el más crudo invierno tormentosa y cálida en verano. Aluvión desmedido que cae en abundancia, que riega nuestros campos y nuestras almas. Calabobos pensativo y tenaz, sirimiri evocador de grandes gestas en el terreno de juego. Granizada dañina y seca que rompe los pensamientos. De todas ellas me quedo con esa llovizna que siendo niño contemplaba tras la ventana, evocadora de sueños y fantasías aventureras. Me quedo con las noches a la luz de unas velas que daban para hacer figuritas de cera, me quedo con las mil historias de la abuela, con sus juegos de papiroflexia y sus acrónimos de los tiempos de la guerra. Recuerdo las historias de mi madre a la luz de una vela, historias de hazañas por grandes héroes hechas, sacadas de un libro grande de gruesa tapa negra, Recuerdo un érase que se era en que un niño menudo derrotaba a un gigante con una piedra. Hoy vuelvo a estar junto a una ventana con esa llovizna que suena y ha vuelto a evocar esos mome...