La niña que pedía agua y no le daban neró.
Lucía tiene dieciocho meses, es hija única y tiene unos padres que la adoran. Es una niña muy feliz, tiene un extenso abanico de distintas sonrisas que regala a los que responden a sus saludos por la calle: una sonrisa con la boca totalmente abierta, máxima expresión de la felicidad, con la que recibe al afortunado o afortunada que vaya a su rescate a la cuna cada mañana; tiene otra sonrisa que es aplastada o arrugada, de niña picaruela, que emplea cuando para pedir disculpas cuando la has pillado haciendo algo que sabe que no debe hacer; tiene otra sonrisa algo particular, que emplea para pedir permiso, y que usa siempre mientras hace el gesto con la cabeza diciendo que sí; la mejor de todas sus sonrisas, con la que consigue que se derrita cualquiera que tenga a su alrededor, es una sonrisa apacible, tierna, totalmente encantadora, y es la que le sale del alma cuando tiene algo de sueño y se te recuesta sobre el hombro. Su pelo es castaño claro, mira curiosa con sus grandes ojos de co...