La hija de San Vicente de Paúl.
Apretaba con fuerza la mano de su madre, no quería soltarse, estaba asustado. El ruido era ensordecedor, llanto de niños, madres y padres hablando entre ellos, olor a colonia y a sudor mezclado con el humo de algún cigarro. Se trataba del primer día de clase, atrás quedaba la guardería y su seño Socorro. Ninguno de sus amigos iría a su nuevo colegio. Quedó impresionado por su tamaño, era enorme en comparación con su guardería. Niños de todas las edades vestidos de uniforme corrían de un lado para otro sin descanso ni sentido aparente. Su madre le había contado cosas de cuando ella estuvo en el Regina. La historia de la profe de arte que a veces llevaba los zapatos de distinto color por sus prisas y su despiste. Historias sobre travesuras de todo tipo que siempre eran castigadas con severidad por Sor Teresa. De algún modo siempre terminaba apareciendo ese nombre, Sor Teresa. Nacho no la había visto jamás, su mente de niño asustado hacía que la imaginara muy grande y severa, con las uñas...