Siesta a finales de agosto
Hoy he hecho la compra en el supermercado de mi tío en compañía de mis hermanas; poca cosa si tenemos en cuenta que es sábado, pero ya se sabe, los sábados se carga como si se fuera a acabar el mundo. Allí hemos charlado con mi primo César, con quien ya hemos hecho planes para volver a vernos pronto y de camino me he encontrado con algunos conocidos del pueblo a quienes me ha dado alegría volver a ver. De regreso a casa, mientras conducía, la temperatura de mi cuerpo ha subido de manera considerable: sol, ventanillas cerradas para evitar que las damas se despeinen y preocupaciones varias en mi cabeza grande de capacidad reducida. Al llegar a casa subí la compra y cuando llegué al pasillo en el que se encuentra mi piso me atacó un olor muy desagradable a pescado podrido; alguna vecina que ha limpiado el pescado y ha dejado los restos al sol, pensé. Lo peor llega cuando entro en mi casa y me encuentro pescado para comer; mi cuerpo se descompone, llega el sudor frio ...