Una noche más.
Las luces se encendieron en la discoteca, la música se cayó. Empezaba el desfile de camareros de un lado a otro, recogiendo, barriendo, haciendo la caja. Luis era un viejo conocido, uno más dentro de esa fauna nocturna que deambulaba por el local. Aun le quedaba algo más de media copa de ron que estaba dispuesto a apurar. Por la cintura, tenía cogida a una preciosidad que había conocido esa misma noche.- ¿Quién se la había presentado?, ¿Cómo se llama? – se preguntaba, daba lo mismo, sería la enésima “nena” de su vida. Apartó su cabello, quería volver a besar sus labios. ¿Quién diablos dijo que la luz es buena? se había perdido toda la magia. La oscuridad, la música, el alcohol, habían sido el mejor de los maquillajes. La nena dejó de ser una princesa, había llegado el día y con él, el regreso a la realidad. Daba igual, la besaría de nuevo, cerró los ojos, la imaginó tal y como la había visto hasta ese momento y así, mientras acariciaba todo su cuerpo, estuvo besándola apasionadamente d...