Hola, me llamo Juan
Desesperación - Pablo Soro - Artelista Aquellos dos hombres bebían codo con codo, sin mirarse a la cara ni intercambiar una sola palabra, en la barra de uno de esos bares que huelen a suciedad y que solo son visitados por quienes no quieren encontrarse con nadie. Uno de ellos pensaba en cómo decir en casa que lo acababan de despedir; el otro, con un sobre del juzgado en la mano en el que decía que en dos días tendría que dejar su casa. A estas que entró por la puerta un grupo de niñatos muy bien vestidos y con ganas de liarla. Ropa de marca y relojes que abultaban más que sus muñecas. Comenzaron a insultar a la dueña, una señora que veinte años atrás debió ser incluso atractiva. La llamaron foca; le dijeron a la cara que era un insulto a la vista; uno de ellos, el más chulito del grupo, le arrojó un billete de cinco euros al suelo a cambio de sexo. Los dos hombres permanecieron como si aquello no fuera con ellos, al menos hasta que uno de ellos quiso otra copa...