Historias de la mili XV: Tíjola se sincera.




Confieso que Tíjola me tenía algo intrigado. Había ocasiones en que parecía una estupenda persona, sin embargo, en otras ocasiones, desvariaba, y lo hacía a lo grande. Se trababa de un chico bien parecido, con un cuerpo atlético, de proceder noble en la mayor parte de las ocasiones. Sus ojos claros, sin embargo, no mostraban ninguna claridad en su interior, algo dentro de esos ojos avisaba de que muy hondo, se ocultaba algún hecho terrible.
Una de las mañanas en que ya estábamos separados los del comando botiquín, sucedió un hecho violento. Estábamos jugando a mosca, para quien no sepa cómo es el juego, se trata de un juego en que los participantes se colocan dejando un pasillo central. Al que pierde le toca situarse en el centro del pasillo al grito de ¡mosca!, y estar muy atento. Los demás han de golpearle la cabeza, nuca, cara, de modo que el que esté en el centro no lo vea, no puede ver ningún movimiento del resto. En el momento en que ve a la persona que le ha golpeado, sale del centro y entra la persona que fue descubierta. Seguramente pensareis que el juego en sí mismo es el hecho violento que sucedió, pero no es así. Aunque no lo parezca, y de la impresión de ser un juego de salvajes, lo cierto es que favorece mucho el desarrollo de la observación, y se trata de un juego muy noble. Se golpea a otra persona, pero decir la verdad es básico para el desarrollo del mismo, de tal manera que cuando se pilla a alguien mintiendo, éste pasará por el centro y las tortas que recibe son más fuertes de lo habitual. Normalmente no se daba a hacer daño, la gracia del juego estaba en el engaño y la simulación.
Ahora que ya sabéis aproximadamente de qué va el juego, paso a describiros lo que sucedió aquel día. Le tocaba pasar por el centro al Gitanillo, ya sabéis, el que se iba a librar por bajito. Pues bien, entró en el centro, flexionó las rodillas y arqueó la espalda. Esa postura hacía casi imposible que cualquiera pudiera golpearle, está prohibido golpear con los pies, así que cualquier golpe podría verlo. Estábamos muy atentos, concentrados, así pasamos un buen rato. Se cortaba la tensión, todos inmóviles, de pronto el Gitanillo perdió el equilibrio, para no caer al suelo se cogió al primer sitio donde llegó su mano, al culo de Tíjola. Ahí es donde dio comienzo el suceso violento.
Tíjola se puso muy nervioso, soltó una patada que fue a dar en la cara del Gitanillo, que cayó al suelo,
- Gilipollas estás loco. – dijo el Gitanillo.
- Como me vuelvas a t..to.. to..tocar t..te te mato. – dijo Tíjola tartamudeando.
Era muy fácil notar cuándo se ponía nervioso Tíjola, se ponía a tartamudear. No se trataba de un tartaja habitual, sólo le ocurría cuando sus nervios salían a flote.
- ¡Payo de mierda!, mañana te van a rajar mis primos.
Aparté a Tíjola, que aun estaba muy nervioso, casi noté como temblaba mientras lo movía cogiéndolo de sus hombros. Otros se ocuparon de levantar al Gitanillo, que no dejaba de gritar lindezas como,
- ¡Te hagan la aurtozia!, ¡te salga un cáncer!, ¡hijo puta! Ojalá te salgan los niños con escamas y seis deos ¡cabrón de mierda¡ Te vas a cagar cuando vengan mis primos, ¡que se habrá creio el payo gigante!, ¡ tartaja de los cojones!
Mientras nos alejábamos del Gitanillo, Tíjola fue tranquilizándose poco a poco.
- ¿Tenías algo pendiente con el Gitanillo? – dije yo.
- No
- No te ha hecho nada, ¿por qué le has pegado?
- P.. po..or nada.
- Venga hombre, que algo habrá sido.
Tíjola se derrumbó, empezó a llorar como un crio de cinco años, se me abrazó y así estuvimos un buen rato. Cuando terminó de llorar, me miró a la cara y me dijo,
- No se lo c..cu..cuentes a nadie.
- Vale.
Tragó saliva, respiró hondo y empezó a hablar.
- Mi padre murió cuando yo tenía nueve años.
- Lo siento…
- Déjame seguir. Yo no lo sentí tanto, mi padre era un borracho. Muchas noches llegaba a casa borracho. El día que cuando me llevaba mi madre a la cama no había vuelto a casa, no podía dormir, sabía que vendría bebido.
- ¿Qué tienes eso que ver con darle una patada al Gitanillo?
- Cuando el Gitanillo se me agarró del culo….Fue como cuando mi padre llegaba borracho, algunas veces entraba en mi cuarto y me tocaba. Mi madre me salvó...
Ya no quería oír más, no sabía qué decir ni cómo actuar. ¿Estaría diciéndome lo que me dio la impresión que me decía?, nunca lo sabré con seguridad, pero intuyo que la respuesta es afirmativa. Para cambiar de tema le pregunté,
- ¿Por qué intentas librarte?
- Hace un par de años tuve un accidente de moto. Me di un buen golpe en la cabeza. Mi mamá está sola, necesita a alguien en la casa que haga las cosas del campo y la proteja. Así que me dijo que mejor me hacía el loco o el tonto.
- Lo del tartamudeo es de coña entonces. – dije riendo.
- No,- dijo muy serio, - lo del t.. t..ta..tartamudeo lo t..t…t…te…tengo desde que tenía nueve años.
Una inmensa tristeza se adueñó de mí. Y pensar que más de una vez había pensado que era un cretino. Tal vez lo fuera, pero en parte estaba justificado.
Volvimos a ver al resto en la cantina. Me inventé una historia para disculpar a Tíjola. Se dieron las manos. Tíjola pagó una ronda para todos. El comando botiquín volvía a estar unido.

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