Anoche sentí un rastro de felicidad y de enorme amor a la vida


Anoche sentí un rastro de felicidad y de enorme amor a la vida






Hay ocasiones en las que la Muerte cumple con su cometido, con tal delicadeza, que permite a la persona que lleva de su mano dejar un rastro de su esencia en el lugar que habitan sus seres queridos: de modo que sirve de nexo de unión entre ellos; de oráculo al que pedir consejo; y de acicate para continuar sus vidas.
Anoche viví todas estas sensaciones sentado junto a una mesa rodeada de amigos, bajo un cielo nublado, junto a enormes árboles en los que se preparaban para pasar la noche unos pajarillos, y acompañado del aroma a tierra mojada que dejó la breve lluvia de la tarde.

Entradas populares de este blog

Age quod agis

En memoria de Antonio Espinosa, un amigo

Escribir es una historia de superación