Calle Desesperanza número 13



(Fotografía de Inma Gutiérrez López)

En calle Desesperanza número 13, los niños juegan con canicas negras en un suelo lleno de chinos que se clavan en las rodillas; un señor con zapatos de marca, muy desgastados, busca comida en un contenedor de basura; la señora mayor del tercero izquierda, que no pudo ir a la escuela, es engañada por Paqui, la frutera, cuando le da la vuelta por las cuatro manzanas picadas que le ha vendido; un sauce llorón crece flaco y torcido; hay un banco sin sombra ocupado por un yonqui, que tiembla porque  esa noche no se ha metido; en el primero derecha dos hermanos discuten por unos calcetines negros, mientras los padres no apartan la vista de la tele, en donde aparecen unos señores que se gritan sin sentido; un escritor los contempla desde su ventana, mientras cruza los dedos al cerrar el sobre que guarda su novela y parte de su destino.

Inma y Juan, que paseaban sin rumbo fijo, se han parado frente a un mendigo para plasmar esa realidad, y perpetuar el reflejo de lo que la esperanza no ha permitido, a los vecinos de la calle Desesperanza número 13.

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