Bibrrambla


Todos hemos pasado por ella miles de veces y si hacemos un poco de memoria, podemos rescatar momentos de nuestra infancia transcurridos allí. Ayer  por la tarde, cuando decidí hablaros sobre este lugar tan emblemático de nuestra ciudad, la primera imagen que vino a mi cabeza fue la de una fría tarde de diciembre de hace más de treinta años,  en la que mis padres nos llevaron a los cinco hermanos,  a ver los juguetes que íbamos a pedir en la carta a los Reyes Magos aquella Navidad.
Hoy he querido pasearme por allí, llenarme de los sonidos, de las imágenes que ofrece a los viajeros que visitan nuestra Granada. Lo primero que llama la atención al llegar es la variedad cromática que nos ofrecen los edificios que la rodean: celestes, granates, ocres, verdes; como si aún tuviera que atraer a los comerciantes que llegaban de tierras lejanas en busca de sedas de calidad, especias o de los demás productos que se ofrecían en la Alcaicería. Y es que hoy en día, atrae a turistas de todo el mundo que vienen en busca de aquellas cosas que hacen única la capital del Reino Nazarí; se pueden contemplar mientras toman un café o un chocolate con churros en alguno de los establecimientos que rodean la plaza y, que con sus pérgolas, hacen compañía a la casi treintena de tilos, que incluso en un día de invierno como hoy, rebosan alegría al dar acogida a gorriones que, junto al sonido de la fuente,  componen la banda sonora de bibrrambla.
Al parecer, en 1235, cuando llegó a Granada el gran Alhamar, ya existía la plaza. Sus dimensiones eran más pequeñas que las actuales, era un lugar que servía de mercado con puestos de frutas y verduras. Se trataba de una zona formada por arena llevada allí por los aluviones del río Darro. Por esta causa, cuando en el siglo XI,  Abd Allah, último rey Zirí, terminó de amurallar la medina, para protegerse de los ataques de los almorávides, el nombre que se puso a la puerta fue el de el arenal, al rambla; es decir, Bib, significa puerta y al rambla, arenal. Dando nombre a la plaza, que se convertiría en centro neurálgico de la ciudad por la cercanía del mercado, de la Madraza y de la Mezquita.

Su nombre ha permanecido hasta nuestros días, pues ni los mismos Reyes Católicos quisieron cambiarlo. A su llegada, los primeros cristianos empezaron a llamarla Arco de las orejas, Puerta de las Manos y Puerta de los Cuchillos, se encontraba situada en la esquina de la calle Salamanca y ese nombre se lo dieron por la costumbre que tenían los moros de colgar ahí las orejas de los ajusticiados. Se data su construcción en el año 1348.  Como tantas cosas que ocurren en nuestra ciudad, en 1884, tras años de protestas por parte de un grupo de intelectuales, que lograron que tres años antes fuese declarada monumento nacional, el ayuntamiento ordenó su derribo alegando causas de higiene. Por fortuna, Torres Balbás, en 1935, la reconstruyó y la situó en el bosque de la Alhambra, lugar en el que hoy puede ser visitada.
Los Reyes Católicos, al igual que pasaba en las ciudades castellanas, decidieron hacer de Bibrrambla la plaza mayor de Granada, puesto que se disputaría con el Campo del Príncipe, aunque no tardaron en hacer separación de funciones.
Cisneros, confesor de la reina, mandó hacer en ella autos de fe y ordenó que se produjera un horrible acto contra la cultura y la ciencia, al organizar la quema de más de ochenta mil libros que se encontraban en la Madraza, alegando que todos eran del Corán, aunque el fuego consumiría tratados de medicina, de  matemáticas, libros de poesía…ejemplares de incalculable valor.

Es imposible no fijarse en la fuente de los Gigantones, construida en piedra de Elvira, pues está llena de simbología, empezando por esas figuras grotescas que la sostienen, y que está culminada por un Cristo que porta un tridente en la mano y que carga un cordero al hombro; aunque al verla, todos tengamos la sensación de ver al Rey Neptuno. Pero resulta que hubo una primera fuente que estuvo allí hasta 1800, redonda con dos tazas de piedra y cuatro caños, rematada con un león coronado con el escudo de armas de Granada. Más tarde se pondría un jardincito. Y en 1910, se quita el jardín y se instala la estatua de Fray Luis de Granada, que en 1940 se trasladaría a la Plaza de Santo Domingo y en su lugar se instalaría la fuente de los Gigantones, que se encontraba en el Paseo de la Bomba aunque había pertenecido al Convento de San Agustín hasta el momento de su derribo en 1838.
Durante mi paseo, recuerdo también otro fuego terrible sucedido a finales del siglo XIX que destruyó la Casa de los Miradores, edificio diseñado por Diego de Siloe y ejecutado por dos de sus discípulos. En la parte baja del mismo, había seis arcos con medias columnas toscanas; coincidiendo el más situado a la derecha, con el hueco realizado en la muralla ante las necesidades por el crecimiento de la ciudad por la zona de Mesones. Sería llamado arco de las cucharas y da nombre a la calle que une Bibrrambla con Mesones.

Por cierto, aquel seis de diciembre, al levantarnos encontramos un futbolín en el salón.


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