La habitación al fondo de la casa – Jorge Galán (Ediciones Valparaíso, 2013)




“Un grito indefinible cortó la noche en dos mitades. Vino de una casa en penumbra. Lo había emitido un hombre sobre una mujer…”
Así comienza la novela con la que el salvadoreño Jorge Galán ya causa sensación.
El autor engarza con la precisión de un joyero la raíz más profunda de la literatura: la tradición oral, con la maestría de un escritor de nuestro tiempo que, con oficio y muy buen gusto: acaricia las palabras, juega con la estructura de la novela; y en definitiva, nos atrapa desde la primera frase para hacernos transitar por el mundo mágico en que habitan sus personajes.
Como no quiero destripar su contenido ni robar a los lectores ninguna de las emociones que experimentará, he decidido limitarme a escribir precisamente sobre las emociones, las sensaciones y los recuerdos que me ha provocado su lectura.
Mientras mi mirada se fijaba en las buenas letras de Galán, me resultaba inevitable verme sentado en el que fue el sillón de mi abuelo, con las enaguas de la mesa camilla cubriendo mis piernas, mientras escuchaba alguna de las miles de historias de mi abuela, narradora de espectacular memoria, de las que tanto se nutren las que yo mismo escribo. Y es que uno de los grandes aciertos del autor de La habitación al fondo de la casa consiste en haber confeccionado una manta con retales; en haber escrito la novela uniendo las historias que una abuela cuenta a su nieto, logrando dar una uniformidad que da sentido pleno a toda su novela. Con ese recurso, Jorge Galán logra que se produzca la magia de la LITERATURA, así escrita, con mayúsculas. Es decir, hace que el lector olvide que lee un libro, que se abstraiga de todo para adentrándose en la historia que quiere transmitir, hacer que sienta como propias las sensaciones de los protagonistas y que a través de ellas reflexione sobre los grandes temas de la literatura que a su vez son los grandes temas de la vida: quiénes somos, el amor, la amistad, la muerte y la vida misma.
Otra de las sensaciones que me ha provocado la novela ha sido la de experimentar un más que feliz reencuentro con el realismo mágico. Así he vuelto a revivir las emociones que sentí cuando leí por primera vez Cien años de soledad. Me ha transportado a esa época de nuestras vidas en la que creemos que todo es posible; en la que nuestra imaginación y nuestros sueños se mezclan con la realidad; en la que las responsabilidades y las cargas aún no nos han robado la fantasía: me ha devuelto a la infancia.
Seguro que os ha ocurrido que con algunos libros sentís la necesidad imperiosa de continuar su lectura y al mismo tiempo el deseo de que no se acabe: es lo que me ha ocurrido con el libro de Jorge Galán. Durante algunos días lo he racionado para que no se terminase, pues disfrutaba de la sensación de tener entre mis manos una joya literaria; sin embargo, cuando aún me quedaban algo más de cien páginas para el final, fui incapaz de continuar el racionamiento y lo terminé de un tirón.

Os animo, sin miedo a decepcionaros, a que os adentréis en La habitación al fondo de la casa y a que seáis testigos de las historias que Magdalena cuenta a su nieto, pues os harán pasar momentos inolvidables y a través de ellas os adentraréis en lo más profundo de vuestro ser, en lo más profundo de la vida misma.

Me atrevo a decir que dentro de mucho tiempo se seguirá escribiendo sobre La habitación al fondo de la casa, sobre Jorge Galán y sobre el acierto de Valparaiso Ediciones al apostar por la LITERATURA con mayúsculas.

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