¡Zapatero, dimisión!


Duro y merecido varapalo el que se ha llevado el PSOE en estas últimas elecciones. La marca ZP, se ha convertido en sinónimo de mentira, incompetencia, paro y peligrosa ambigüedad con el entorno de ETA.

La ciudadanía ha comenzado a notar su gran incompetencia en el grosor de sus carteras. Los jóvenes han estudiado costosas carreras; han hecho cursos y masters como para empapelar la Moncloa y Ferraz. Son los mismos jóvenes que se tiraron a la calle con el “No a la guerra”; los mismos que se vistieron de blanco para ir a recoger el chapapote del Prestige; los mismos que lo llevaron a sentarse en sillón desde el que poder desgobernar España. La diferencia es que si ZP antes acusaba a Aznar de no escuchar al pueblo, ahora es él mismo quien no quiere oírlo basándose en que adquirió la confianza de los españoles para cuatro años de legislatura y ni un día menos.

¡Zapatero, dimisión!

Tras la obtención del escrutinio, nuestra versión cañí de Mr Bean, se presentó ante los españoles. Por un momento pensé que dimitiría, ya que nunca lo había escuchado decir tantas verdades juntas: habló de los millones de parados; de los terribles efectos de la crisis; de lo mal que lo está pasando el pueblo… Pero no dimitió. La escenografía no tenía desperdicio: la cara de Pepiño era todo un poema; la cabeza gacha de Manuel Chávez, quién ya conocía que el PP había arrasado en Sevilla y en todas las capitales de provincia de Andalucía; además de otras de las caras más importantes de su gobierno. Era significativa la ausencia de los dos nombres que más se escuchan como destinados a presidir el postzapaterismo: RuGALcaba, quien estará contento con los millones que el Estado español pagará a partir de ahora a ETA a través de la representación que ha obtenido con BILDU; y Chacón, la ministra de defensa seria a la que le costó decir “¡Viva España!” más que parir a un puerco espín o dar fin a un mes de estreñimiento.

¡Zapatero, dimisión!

Lo más negativo de la noche electoral ha sido la gran representación que ha obtenido BILDU. De obligado cumplimiento es felicitar a los jueces progresistas que votaron a favor de que se pudiera presentar el partido de ETA a las elecciones. Su actuación ha sido tan buena, que se han merecido pasar a la historia como los últimos componentes de un TC en el que los partidos políticos deciden sus componentes. El tribunal necesita y merece una reforma para cambiar tan ineficaz y peligrosa composición, pues la misma produce en el mejor de los casos, desconfianza hacia el mismo.

Me alegro mucho por la subida en número de votos y en representación de UPyD. Se lo han ganado con propuestas de renovación que son valientes y sin complejos con las que estoy muy de acuerdo. Tales como la reforma de la Ley Electoral; la existencia de una única ley de educación para todo el territorio nacional; el cierre de definitivo de cesión de competencias a las CCAA, circunscripción electoral única, etc. En mi opinión, es el partido político que más merecía los votos que ha propiciado el movimiento social que ha acampado en las plazas españolas pidiendo una Democracia real.

¡Zapatero, dimisión!

A pesar de que muchos de los acampados piensan que su iniciativa no ha dado frutos, están equivocados, pues es posible que hayan encendido la llama del principio del fin del bipartidismo. Izquierda Unida ha subido, pero no pueden estar satisfechos ni alegres; tantos años de subarriendo de representantes al PSOE ha hecho que el pueblo los vea como parte del sistema bipartidista reinante.

Tengo la esperanza, soy un soñador, de que los dos grandes partidos tomen algunas de las propuestas de UPyD. Actualmente nos hemos estancado en una dictadura partitocrática, en la que se premia al adulador, al abrazafarolas, al lameanos que no tiene ideas propias y que si las tiene, se las calla para no perder la silla. De ese modo, ninguna idea nueva llega desde las bases desde los partidos. Los políticos se dedican a la intrigas intestinas y no a servir al pueblo.

Es insostenible que en España tengamos tantas administraciones, unas se solapan con otras y el gasto para el Estado es terrible.

Ha llegado la hora de no tener miedo a tocar las cosas. La transición salió bien, pero ahora ya sabemos dónde están los fallos, pongamos solución. Mientras tanto, entérese señor presidente:

¡Zapatero, dimisión!

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