Historias de la mili CLXXVIII: noticias a través del teléfono


El remate a puerta de Agustín, nos demostraba que los metralletas eran muy competitivos y estaban dispuestos a darlo todo para hacerse con el campeonato. Era el equipo referencia de Granada capital y no estaban dispuestos a dejarse ganar en un torneo de pueblo.

Vázquez le indicaba a Javi Lucena que cuando él se viera obligado a acudir a por uno de los contrincantes, debía hacerle la cobertura a tiempo para que no se quedara el delantero sólo ante nuestro portero.

Almudena Martín y Roger de Formical hablaban con alguien por teléfono y tenían cara de estar muy sorprendidos. Tenía que enterarme de qué se trataba; tal vez estaba relacionado con Julia.

- Paulino ¿Puedo salir un momento para enterarme de algo?

- Pepe Luis, estamos en la final.

- Es importante. – Dije para convencerlo.

- Está bien, pero que sea poco tiempo y sin que te pierda de vista.

La respuesta de Paulino me recordó a la que dan las madres a sus hijos cuando el niño ha descubierto a otros críos que juegan a lo que sea, un poco más lejos de los límites que saben que sus madres no les permiten rebasar.

La subinspectora Martín colgó el teléfono mientras caminaba hacia ellos. Desde lejos se veía que ambos estaban muy cansados.

- ¿Qué ocurre? – Pregunté.

- El tío Arturo, bueno, el inspector Franco, – corrigió al darse cuenta de que resultaba poco profesional llamarlo tío Arturo, - ha llamado al juzgado para que autoricen las labores de excavación en la casa donde se encuentran la señorita Benavides y el tesoro.

- Supongo que es el procedimiento habitual. ¿Cuál es el problema?

- La casa no pertenece a la familia Benavides ni a los Maldonado; hace años que la vendieron a un precio muy bajo. – Respondió Almudena Martín mientras se resentía de un dolor en la espalda.

- ¿Significa que el tesoro será para el actual dueño de la casa?

- No necesariamente; en todo caso, lo tendrá que dictaminar el juez. – Aclaró Roger de Formical.

Ambos se miraron con la duda sobre si debían decirme algo más, así que pregunté.

- ¿Hay algo más que queráis contarme? ¿Julia está bien? ¿Hay problemas con su rescate?

A pesar de que ya no me sentía enamorado de ella, me agobiaba la idea de imaginarla bajo una montaña de escombros. Ni con todo el oro del mundo se puede comprar oxígeno.

- En realidad es una noticia referente a su madre; nos han comunicado que hay posibilidades de que salve su vida.

- ¡Genial! ¡Parece un milagro! – Exclamé.

- La parte negativa de la noticia es que los médicos han dicho que el daño en su cerebro es grave y podría quedar en estado vegetativo. – Dijo la inspectora.

- Al menos tiene a Rodrigo; jamás la abandonará. – Dije algo más serio.

Almudena Martín me miró como si yo fuera un ingenuo, pero estaba totalmente convencido de mis palabras; lo que sentía Rodrigo el de las Vacas por Amparo Ureña era auténtico amor y sería feliz por el sólo hecho de tenerla a su lado y poder cuidarla y mimarla el resto de su vida.

- He observado que te duele la espalda; tal vez debería sentarse y descansar un poco. – Le dije a la subinspectora.

- Gracias, no te preocupes; tengo algunos problemas con los huesos. Todas las mañanas he de hacer unos ejercicios que me indicó el médico y hoy me los he saltado. – Me dijo con una sonrisa.

- Si quiere puedo darle un masaje; tengo buenas manos. – Me ofrecí.

- ¿Y perderte la gran final? – Respondió algo sonrojada. - ¡Ve con tus compañeros y gana el torneo!

- ¡A sus órdenes mi subinspectora! – Bromeé.

- ¡Espera! – Dijo Roger de Formical. – Pese a no estar muy familiarizado con el noble deporte del balompié, me he percatado de que lo tenéis muy complicado para ganar; son mejores que vosotros.

- ¡Gracias por los ánimos!

- No, es que ya sé su punto débil. Su portero es algo distraído. – Dijo Roger de Formical tras saborear el humo de su pipa.

- Llevamos muy poco tiempo de partido para que haya podido ver eso. – Le dije.

- Me he tomado la libertad mientras calentabais de mirar el acta del partido y he observado sus firmas. Hazme caso, dile a tus compañeros que hagan tiros lejanos; no se los esperará. Calculo que si seguís mis indicaciones el porcentaje de vuestras posibilidades de victoria puede elevarse hasta un 30%. – Dijo muy seguro de sus cálculos.

- Gracias por la información. – Dije antes de volver al banquillo.

Lo que desconocía por completo Roger de Formical, es que una de las claves para que el fútbol se haya convertido en un deporte de masas que mueve ingentes cantidades de dinero, es que no siempre gana el mejor equipo; cualquier jugada fortuita puede volcar un resultado. Y había un factor que no había evaluado su privilegiada cabeza; ellos estaban más borrachos que nosotros.

Paulino vino a mi lado cuando llegué al banquillo; se le veía muy preocupado y nos ordenó a todos que calentáramos. Mientras lo hacíamos vi que los Metralletas habían hecho tres cambios; Nico había sustituido a Carlos; Marcos Mochón a Perico; y Álvaro a Agustín. Se notaba mucho la diferencia. Los nuestros estaban más cansados y les costaba seguir el ritmo de las nuevas incorporaciones. Marcos tenía mucha clase y Nico era mucho más sobrio en el manejo del equipo desde atrás. En un par de escapadas a Vázquez le fue casi imposible seguir a Álvaro.

- ¡Paulino! Ramón es más rápido; que se encargue él de las carreras del nuevo. – Dijo Augusto.

Ramón tenía una planta similar a la de Álvaro; pequeño y muy rápido, aunque nuestro Ramón tenía la fuerza que dan los bancales de Adra y era mucho más robusto.

Paulino se decidió por fin a hacer los cambios para dar algo de oxígeno al equipo: Juan Pablo sustituyó a Serranito en el puesto de delantero centro; Augusto entró en lugar de Paco el Facha; y yo entré por Javi Lucena. El equipo perdería en calidad de juego pero eran cambios obligados para que los mejores de nuestro equipo volvieran al campo con el fuelle suficiente como para aguantar el ritmo que imprimía a su juego el equipo de los Metralletas.

Nada más entrar en el campo, unas bonitas piernas de mujer distrajeron a Juan Pablo las décimas de segundo necesarias para que Nico tuviera tiempo de armar un tiro lejano que entró junto a la base del poste derecho. Luis Espadafor no tuvo tiempo ni de pestañear.

Entradas populares de este blog

Age quod agis

Escribir es una historia de superación

¿Eres escritor de sonrisa o de carcajada?