Presunción de inocencia para un campeón




Hienas, chacales, buitres y ratas de alcantarilla no habrían sido más crueles y duros que la opinión pública con nuestro mejor y más laureado deportista. Hablo del atleta Paquillo Fernández: subcampeón en Atenas 2004; campeón del mundo en más de una ocasión; campeón de los Juegos del Mediterráneo y tres veces olímpico. Se le han otorgado todo tipo de reconocimientos y medallas de manos de las instituciones públicas. Ha bastado una noticia, un rumor, una infiltración, para que la opinión pública lo condene y lo lleve al paredón sin haber escuchado más sobre el tema. Para condenar la buena imagen de un hombre que ha salido de la nada y se ha hecho a sí mismo no necesitamos que haya sentencia ni tan siquiera que finalice la investigación. No podemos ser más hipócritas. En una sociedad donde nos la cogemos con papel de fumar para hablar de presuntos violadores y presuntos asesinos; donde no está bien visto llamar negros a los negros ni viejos a los viejos; donde no nos atrevemos a criticar a otras religiones que no sean la Católica, pues hay que ser moderados y tenemos que admitir la diversidad. Pues me niego a que sea así sin alzar mi voz en contra. La presunción de inocencia es un derecho que tenemos todos y no tenemos que hacer nada para ganárnoslo, pero el caso de Paquillo es sangrante pues hablamos de un hombre que se dedica en cuerpo y alma al deporte y que ha pasado miles de controles de dopaje y siempre ha salido airoso de ellos. Es una persona que además está implicado con su tierra y con la escuela deportiva que ha creado.
Desde aquí le doy toda mi confianza, apoyo y ánimo a un gran campeón.

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