Visita al barbero.


- ¿Diga?
- Buenos días, soy José Luis López, llamo para pedir cita.
- Tengo a dos, vente en algo más de media hora.
- Está bien, allí estaré.
Cuando llegué aun le quedaba algo de tiempo con el anterior cliente.
- Buenas tardes. – Saludé.
- Buenas tardes. - Respondieron ambos.
Me senté en una de las cuatro sillas viejas que tiene. Cogí el periódico, hablaba de los cambios del Gobierno. Era de hacía un par de días. Cogí otro, el de hoy. Hablaba del desarrollo de la Passio Granatensis, de alguna irregularidad que había tenido lugar en el transcurso de la misma. Me gustan ese tipo de actos, me gustan las tradiciones. La Passio Granatensis, es una enorme procesión que se celebra una vez cada cien años. Tiene lugar en el sábado santo, a ella concurren todos los pasos que salen durante la Semana Santa de Granada.
Sigo leyendo, hablan de la suspensión del gran premio de Quatar, primera prueba puntuable del mundial de motociclismo. Leyendo esa noticia no puedo evitar una leve sonrisa. Sin duda es otra llamada de atención de la naturaleza a la soberbia del hombre. Los petrodólares han construido un magnífico circuito, en mitad de la nada. Han comprado la elección de Quatar como sede de ese primer gran premio. Han comprado focos y desperdiciado energía, por el sólo capricho de celebrar el gran premio de noche y con luz artificial. Pero lo que les ha sido imposible comprar es el clima. En un lugar del mundo donde el año que mas llueve, lo hace quince días, este fin de semana ha llovido como sólo lo hace en países tropicales. Una y otra vez caemos en el error de pensar que dominamos la naturaleza, cuando basta algo de lluvia, o un temblor de tierra, para bajarnos del pedestal en el que nos creemos.
- Ya puedes sentarte aquí. – me dijo el barbero. - ¿Cómo lo quieres?
- Como siempre, corto pero con el pelo suficiente como para poder peinarme.
No volvimos a hablar hasta que terminó de pelarme. Yo me limité a cerrar los ojos, pensando en mis cosas, y a mover la cabeza tal y como él me iba indicando.
Mi barbero se llama Gabriel, es delgado, de pelo blanco y algo largo que recuerda al del Cordobés. Su cara es menuda, quedando casi totalmente tapada por un enorme bigote, también blanco. Viste bata blanca. Tiene la barbería, decorada con algún animal disecado, posters de mujeres de buen ver y seguro mejor tocar, y una maqueta con una composición en la que salen unos legionarios desfilando en la que no falta la cabra. En los pocos estantes que tiene, además de algunas muestras de colonia que nunca usa, tiene viejos videos en vhs de caza y revistas de cazadores.
Me encanta ir a pelarme allí, lo hace bien, sin prisas. Si quieres que hable y te entretenga, le preguntas algo sobre caza o sobre el campo. Si te apetece estar en silencio, no tienes que decir nada, el sabe que no quieres oír historias. Es de agradecer alguien que respete los silencios. Existe hoy en día la creencia generalizada de que hay que hablar, a muchos les pone nerviosos los silencios, a mi barbero y a mí, nos gustan. Hay tiempo para todo, hasta para callar.

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