Maza de rabia e impotencia.




Paga hipoteca, como un joven más que no lleva mucho tiempo emancipado. Seguro que ponía cariño y cuidado en buscar muebles y cosas para tener bien su casa. Una explosión la destroza, lo deja sin esos sueños y esperanzas que todo el mundo deposita en su hogar.
Llamamos hogar al sitio donde tenemos nuestro refugio, donde nos sentimos seguros. Desde tiempos prehistóricos, en que se trataba de una cueva, se trataba de ese sitio imperturbable, sagrado.
Ver cómo vecinos suyos se reían y mofaban de su casa destruida por los terroristas, lo llenó de furia, de impotencia, de dolor, de una rabia desmedida que tenía que estallar por algún sitio. El joven de Lazkao, cogió una maza y entró dentro de uno de esos bares que los terroristas utilizan para financiarse. Lo hizo a cara descubierta, no como los cobardes de las pistolas o los de la policía autónoma vasca. Destrozó todo lo que pudo, en una escena parecida a esas actividades que se inventan los directores de recursos humanos de las grandes empresas, consistentes en destrozar cosas, para así aliviar la tensión y la rabia de los altos ejecutivos.
A la policía autonómica vasca le faltó tiempo para ir a detenerlo. Se ve que como no se ocupan en detener terroristas ni a sus apoyos, les queda tiempo libre para ir a detener sin demora, a un pobre desgraciado que ha perdido su hogar. Que vayan a por los de las pistolas, que no miren a otro lado ahora que han empapelado, delante de sus narices, las calles de Lazkao con la imagen de éste joven. Carteles con su cara las llenan y ensucian, en los que se le llama fascista. Resulta que fascista es el que un día ha cogido una maza porque ya no soporta el yugo del miedo. Los de las pistolas, esos que ponen bombas y tienen amenazado a todo aquel que no piense como ellos, son angelitos rojos a los ojos de esos que se ríen y de los que miran a otro lado.
Ahora deberían ponerle guardaespaldas, porque a buen seguro querrán quitarse de en medio a ese don nadie que les ha plantado cara. No pueden permitir que cunda el ejemplo y ver así reducido su imperio del miedo.
He visto que el candidato al gobierno vasco por el Partido Popular, se ha ofrecido para llevar su defensa. Aunque se trate de una medida electoralista, aplaudo su iniciativa. Se habrá sentido reflejado en la impotencia y rabia.
Que no olvide nadie a quienes, hasta hace muy poco, dejaron que los de las pistolas y sus apoyos, ocupasen puestos en los ayuntamientos vascos.

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