Historias de la mili V: Clases teóricas.

Como ya dije anteriormente, estaba rebajado de todo, es decir, no tenía que hacer nada. El problema es que eso era muy aburrido, ver pasar las horas del reloj es desesperante, así que intentaba colarme en algunas actividades.
Por las mañanas, antes de separar a nuestro “grupo de élite”, en alguna ocasión nos hacíamos los tontos para así poder dar unas cuantas patadas al suelo desfilando con el resto de reclutas. Eso siempre duraba poco, lo cierto es que era realmente complicado hacer pasar inadvertido a un grupo, en el que había un larguirucho, tres gordos y un enano. Cuando el cabo decía..
- ¡Variación derecha!
Siempre había algunos de los nuestros que hacían la variación a la izquierda, por lo que siempre seguía…
- Cabo Fernández, que se vayan de aquí esos patanes del botiquín.
- A sus órdenes mi sargento.
Y vuelta a la rutina de todos los días. El resto de los reclutas nos envidiaban, pero no se imaginaban el frío que se pasa sentado a las 7 de la mañana y para unas cuantas horas, en un banco
de piedra y al aire libre.
La única actividad en la que yo era el único del cuartel en estar rebajado eran las clases teóricas. Pasé días preguntando a los demás que hacían, pues no lograba comprender la razón por la cual no me dejaban asistir, ni en qué modo unas clases de teoría podían perjudicarme. Por fin pude colarme, me senté atrás, para así pasar inadvertido a ojos del sargento.

- Señores apunten.
Todos teníamos una libretilla de anillas y un lápiz.
- Definición de vaguada.
- Profe como se escribe.
- ¿Profe?, diez flexiones. A mí no se me llama profe, a ver…. Usted (señaló a Tíjola). Cómo tienen que llamarme a mí.
- Pues…, Tíjola dudaba, con la boca.
- ¡Diez flexiones!, gritaba desesperado.
- Está bien, continuemos. Definición de vaguada…
- ¿Con b mi sargento?
- Con b de burro vas tú a hacer veinte flexiones.
Se fue hasta la pizarra y escribió VAGUADA.
- Anoten.
Línea que marca la parte más honda de un valle, y es el camino por donde van las aguas de las corrientes naturales.
Nos miraba y con un gesto hacía que repitiéramos la definición varias veces.
- ¿Saben ya lo que es una vaguada?,
Y todos respondíamos a coro,
- Sí mi sargento.
Señalaba a uno en particular para que se la repitiera, pero nada.
- Repita la definición.
- Es que…
- Léala aunque sea.
Con más empeño que pericia, intentaba leer lo escrito hacía tan sólo un instante.
- Línea que marca la parte más….
Se hacía el silencio, todos sabíamos que le ocurría. La mayor parte de los allí presentes sabían lo básico, pero otros no llegaban casi ni a saber escribir o leer.
Las clases teóricas se convirtieron en una de las atracciones del día para mí. Me di cuenta de por qué no me dejaban asistir a ellas, llegaban a convertirse en algo más parecido a clases de gimnasia, siempre con varios reclutas en el suelo dando barrigazos con las flexiones.
La segunda parte de esas clases teóricas era la más divertida. Imaginaos al montón de bestias, en una clase donde no cabíamos, unos en pie, otros sentados en el suelo, otros que no dejaban de hacer músculos, como era el caso de Tíjola. Pues bien, todo ese ecosistema, dedicada a aprender un par de canciones. Las canciones en cuestión eran el “Himno de infantería “y “La muerte no es el final”.
Para ese aprendizaje ponía un radiocasete de los años de Maricastaña, con una cinta de himnos patrios. Escuchamos el “Ardor guerrero" miles de veces, nosotros cantábamos sobre el sonido de la cinta, con la ayuda de unas chuletillas de cartulina de color naranja que nos habían dado, y que se suponía que debíamos aprender. Todo acabó cuando por fin nos dijo el truco.
- Señores, canten en un tono más marcial.
Lo que no sabíamos es en que podría consistir eso de cantar de un modo marcial.
- Más marcialidad señores.
Hasta que no tuvo más remedio y se atrevió a cantar en un tono marcial. Y lo hizo de tal modo, que ninguno volvió a tener duda alguna sobre qué significaba cantar en un tono marcial. Se trataba simple y llanamente de cantar mal, muy mal, y a voces. A partir de ese día la “clase de canto” fue muy divertida, y a los que no hacíamos ejercicio físico (salvo jugar al futbolín), nos servía para aliviar tensiones.
El próximo día os contaré alguna cosa más, saludos. Os dejo a continuación unos enlaces por si queréis ver esas canciones de mi mili. Os confieso que se me pone el vello de punta al escucharlas.
“La muerte no es el final”

http://www.youtube.com/watch?v=XTtgkRfWv6E
“Himno de Infantería”
http://www.youtube.com/watch?v=0cvBKtqm6Jk

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