Esposa, madre, abuela, mujer.



Hoy, como todos los días, se habrá levantado temprano, nunca le ha gustado remolonear en la cama. Se habrá vestido y habrá salido para su casa. Una vez en su casa habrá puesto la cafetera, y dos rebanadas de pan en el tostador. Casi llego a oler esa mezcla de olores. Posiblemente el olor a café recién hecho y a tostada, con su aceite de oliva o su mantequilla derretida, sea para mí el olor del hogar. Tal vez por eso sea lo primero que hace, para así hacer ver a quien sea, incluso a ella misma, que esa es una casa habitada, que es su hogar.
Tras el desayuno habrá dejado ordenada y limpia la cocina, y posiblemente haya cogido el cepillo y la fregona para limpiar alguna habitación, o el pasillo.
Una vez todo en su sitio, habrá ido a su flamante cuarto de baño, donde se habrá aseado, peinado con esmero y se habrá puesto esa laca que ella usa para siempre estar peinada.
He de decir que en eso del arreglo personal no se descuida nada. Es muy presumida, y no sale a la calle de cualquier forma. Siempre ha sido una mujer de buen ver, de ojos claros y con mucha personalidad en la cara. Aun hoy día se gana algún que otro piropo.
Siendo una niña, iba a jugar con una pelota a la casa de quien más tarde se convertiría en su esposo, quien se la quitaba para hacerla rabiar. Seguramente a nadie se le pasaba por la cabeza que pudieran llegar a ser pareja, pero así sucedió. La diferencia de edad más que separarlos, hizo que funcionaran mejor como pareja, ya se sabe que las mujeres son mucho más maduras que los hombres.
Ya de mujer casada le tocó hacer de todo. Ayudó en las matanzas, tuvo animales de todo tipo en el corral, cosía, cocinaba…
Precisamente en lo de la cocina quería yo hacer un inciso. Cocina de maravilla. Quién no haya probado sus roscos de huevo o sus empanadillas, no sabe lo que es la repostería fina. Eso me recuerda que tengo pendiente una visita, junto a mi primo Luis, para entre los dos ayudarla a hacer una buena cantidad de roscos, y así de camino aprender a hacerlos.
Volviendo a sus actividades de mujer casada, la principal fue tener y criar a cinco hijos, cuatro varones y una mujer. Aunque nunca faltó de nada en su casa, tampoco estaban como para tirar el dinero. Ella siempre los llevó como a los más ricos, muy bien vestidos, con ropas que ella hacía. Les dio una gran educación, enseñándoles el valor del sacrificio y del esfuerzo. Los educó de tal forma que pudieran codearse con todo tipo de personas, desde los más humildes a los más ricos, desde los analfabetos hasta los catedráticos. Les enseñó en definitiva, a ser buenas personas. Esa educación y esa dedicación que les entregaron, tanto ella como su esposo, dieron sus frutos en forma de familia unida.
Hoy en día tiene diecisiete nietos y cuatro biznietos. Tiene razón cuando comenta que debería tener alguno más, pero es que los López hemos salido durillos para tener pareja.
Los cuatro biznietos ya comen los roscos de la abuela María, alguno de ellos incluso los pide cuando llega a su casa. Ella, tal y como hacía con los nietos, los trata con alegría, dándoles su espacio, y ellos la premian con su cariño. Habría sido una gran maestra.
Tiene una memoria prodigiosa, es capaz de contarte acontecimientos acaecidos en la guerra, como si hubieran ocurrido hoy mismo. En cuanto a temas de actualidad, está mucho más al día que cualquiera de los jóvenes que se examinen de selectividad, no se le escapa ni un escándalo político.
Es valiente, nunca le ha temido a que su casa se llene de gente. Nunca han faltado unas papas fritas con huevos si te has presentado a última hora y sin avisar. En Nochebuena nos junta a toda la familia, y cuando digo toda, quiero decir hijos, nietos y biznietos, con las respectivas parejas. Celebra su cumpleaños el día seis de Enero, hasta hace casi nada de tiempo, preparaba patas, olla de San Antón, carne empanada, tortillas de patatas, ensalada de naranjas con bacalao.
Estoy escribiendo esto hoy, precisamente porque me estaba acordando de ella. Hace demasiado tiempo que no voy a pasar una tarde charlando con ella. Pero le pondré solución muy pronto.
Por las noches regresa a casa de mi tío Antonio, va a por ella alguno de mis primos o mis tíos. Se sienta en el sillón que le tienen reservado, lee el periódico y según tengo entendido, hace que alguno de mis primos le lea lo que escribo cada día. Así que aprovecho para darte una palmada en la espalda, que es lo que siempre te he dado. Pero no te la doy muy fuerte.

Ya iba tocando que escribiera algo sobre ti.
P.D.: Otra de las razones por las que me estaba acordando de ti, es que estoy a dieta y no dejaba de acordarme de los roscos.

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