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La habitación al fondo de la casa – Jorge Galán (Ediciones Valparaíso, 2013)

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“Un grito indefinible cortó la noche en dos mitades. Vino de una casa en penumbra. Lo había emitido un hombre sobre una mujer…” Así comienza la novela con la que el salvadoreño Jorge Galán ya causa sensación. El autor engarza con la precisión de un joyero la raíz más profunda de la literatura: la tradición oral, con la maestría de un escritor de nuestro tiempo que, con oficio y muy buen gusto: acaricia las palabras, juega con la estructura de la novela; y en definitiva, nos atrapa desde la primera frase para hacernos transitar por el mundo mágico en que habitan sus personajes. Como no quiero destripar su contenido ni robar a los lectores ninguna de las emociones que experimentará, he decidido limitarme a escribir precisamente sobre las emociones, las sensaciones y los recuerdos que me ha provocado su lectura. Mientras mi mirada se fijaba en las buenas letras de Galán, me resultaba inevitable verme sentado en el que fue el sillón de mi abuelo, con las enaguas de la mesa ...

Cuento de la cigarra

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En una tarde de verano, de estas en las que las paredes sudan y las personas nos derretimos, Paco se había quedado al cuidado de su sobrino para que su hermana pudiera acudir a la cita con el médico en compañía de su madre. Le habían dado unas instrucciones muy precisas, pues se trataba de un bebé:” al mediodía la tocaba el biberón”, con una anotación subrayada que decía: “Derrama unas gotas de leche en tu muñeca para comprobar la temperatura”; tras la toma, el niño se suponía que caería rendido en brazos de Morfeo como por arte de magia, pero no sucedió así. Paco, al principio se lo tomó con calma – ya caerá, es cuestión de tiempo- se decía para auto convencerse. Como medida extrema se le ocurrió algo que jamás fallaba, poner en la televisión la retransmisión de una de esas etapas del Tour de Francia en las que los corredores han de recorrer 250 kilómetros de llano, pero el jodido niño hasta parecía interesarse. La desesperación se hacía mayor por el hecho de que el bebé sólo qu...

Siesta a finales de agosto

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Hoy he hecho la compra en el supermercado de mi tío en compañía de mis hermanas; poca cosa si tenemos en cuenta que es sábado, pero ya se sabe, los sábados se carga como si se fuera a acabar el mundo. Allí hemos charlado con mi primo César, con quien ya hemos hecho planes para volver a vernos pronto  y de camino me he encontrado con algunos conocidos del pueblo a quienes me ha dado alegría volver a ver. De regreso a casa, mientras conducía, la temperatura de mi cuerpo ha subido de manera considerable: sol, ventanillas cerradas para evitar que las damas se despeinen y preocupaciones varias en mi cabeza grande de capacidad reducida. Al llegar a casa subí la compra y cuando llegué al pasillo en el que se encuentra mi piso me atacó un olor muy desagradable a pescado podrido; alguna vecina que ha limpiado el pescado y ha dejado los restos al sol, pensé.  Lo peor llega cuando entro en mi casa y me encuentro pescado para comer; mi cuerpo se descompone, llega el sudor frio ...

Sobre los recortes en educación

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¡Que sí! Admito como algo necesario e incluso obligado que nos sometamos a los recortes; admito que es de obligado cumplimiento que nos apretemos el cinturón, a quien le quede. Admito que venimos de unos años en los que se ha derrochado el dinero y en los que nos hemos endeudado para que sean nuestros hijos los que terminen pagando nuestra falta de juicio. Que nos habíamos empeñado en tener una universidad y un aeropuerto en cada capital de provincia y es algo inviable. Que los candidatos a cargos públicos nos decían: - ¡Los ciudadanos de nuestra provincia merecen tener lo mejor! Por esa razón os voy a hacer (nótese que ellos nos lo hacían) el aeropuerto más moderno de Europa. Y muchos de nosotros, cual borregos emocionados por el desarrollo de nuestra tierra, íbamos a las urnas a apoyar al que más cosas nos había prometido, con la sensación general de que ellos, los políticos, eran seres bondadosos que nos otorgaban graciosamente todas esas ofrendas.. Ahora han llegado las vacas...

La historia del niño grande

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Fotograma de la gran pelea Esta mañana he podido hacerme con una copia de una de esas películas que hacen soñar: "El hombre tranquilo". Hay numerosas razones por las que es una de mis películas favoritas, una de las principales es que me trae muy gratos recuerdos de la infancia: logra trasladarme a la época en que era un niño que se creía mayor y que vivía despreocupado por temas que no fueran: aprender a tirar mejor el trompo; lograr lanzar mejor los hierros contra el barro; conseguir la próxima vez esa tapa rota de retrete sobre la que te podías deslizar más rápido por las rampas de las eras; lograr ser el campeón del montón de arena para celebrarlo mientras me sacudía para que mi madre no me regañara por llegar a casa con la ropa tan sucia. Era la época en la que los niños jugábamos a pelearnos y lo hacíamos de diversas maneras, las cosas las arreglábamos entre nosotros y el que se chivaba a su madre era tachado de acusica. Recuerdo que jugábamos con palos del ta...

Solo de trompeta en calle Amargura

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Estamos en plena Semana Santa y la lluvia ha vuelto a convertirse en protagonista: unos la miran con lágrimas en los ojos, aquellos que pasaron meses preparando las salidas procesionales que colman nuestra tierra de calles llenas de cera, de olor a incienso y de emociones; los hay que también lloran, ya que la esperaban como agua de mayo para revitalizar las pobres arcas de sus negocios de hostelería y poder sacar para pagar el alquiler y las nóminas un par de meses más; también están las gentes del campo, sector en el que a unos les viene muy bien la lluvia y a otros las destruye las cosechas. Como un solo de trompeta de los que te erizan el vello, ha sacado el Gobierno los nuevos Presupuestos Generales del Estado, los más restrictivos de la historia. Y ya se sabe, tras el solo de trompeta se produce un instante de silencio seguido del sonido de los tambores que nos marcan el ritmo. A los españoles, cual costaleros que soportamos una pesada carga, nos toca seguir el sonido de lo...

Libertad y respeto

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Hace un tiempo hice pública mi alegría porque un grupo de personas cada vez más creciente se había reunido por unos ideales; personas que habían salido a la calle a protestar en contra de aquello con lo que no estaban de acuerdo; terminaron tomando Sol y plazas principales de ciudades españolas, y a pesar de no estar de acuerdo en todas sus peticiones, alabé su forma de querer ser parte activa de la sociedad. Del mismo modo contemplo hoy consternado, la actitud que estos mismos acompañados de otros muchos ante un hecho similar ¿Acaso sólo puede ser vista en la calle juventud de una ideología? ¿Acaso está mal visto mostrar en público ideas religiosas? ¿Tal vez lo que moleste sea que esa juventud represente a la Iglesia Católica? Son muchas las preguntas que me surgen ante tanta hipocresía social y todas las respuestas llevan a lo mismo: el sectarismo de la izquierda. Tenemos en España la gran fortuna de tener a una izquierda que no sólo nos ha dividido; no sólo nos ha arruinado; no ...